Autocustodia significa que la clave capaz de mover los bitcoin está en un dispositivo que uno controla, y que ninguna empresa tiene una copia. Esa es toda la definición. Lo que sigue es el vocabulario necesario para actuar en consecuencia, y la última sección es la parte que las introducciones suelen dejar afuera.
La custodia es una pregunta sobre quién tiene una clave
Los bitcoin son un conjunto de anotaciones en un registro público. Mover una anotación exige una firma válida, y producir esa firma exige una clave privada. Así que siempre hay una sola pregunta: ¿quién tiene la clave?
- Custodia de un tercero. La tiene una empresa. Lo que hay es una cuenta, un saldo en una pantalla y una promesa. Si la empresa congela la cuenta, la hackean o quiebra, uno queda como acreedor sin garantía dentro de la insolvencia de otro. No es hipotético: Celsius congeló los retiros en junio de 2022 y FTX colapsó cinco meses después, y en los dos casos el saldo de la pantalla resultó ser un reclamo y no una moneda.
- Autocustodia. La clave la tiene uno. Nadie puede congelarla, y nadie puede ayudar si se pierde el respaldo.
La autocustodia es elegir la segunda opción, con todo lo que eso implica.
Lo que en realidad se protege es la seed phrase
Una billetera no guarda una clave. Deriva un árbol entero de claves a partir de un único valor inicial aleatorio, y por eso un solo respaldo cubre todas las direcciones que la billetera llegue a entregar. Esa es la imagen al comienzo de esta página: una raíz, y todo lo que cuelga de ella.
Una seed phrase es ese valor inicial escrito en una forma que una persona puede copiar. El estándar que sigue casi cualquier billetera, BIP 39, lo codifica como 12 o 24 palabras tomadas de una lista fija de 2.048, con la última palabra llevando una suma de verificación, de modo que una palabra mal escrita se detecta en vez de llevar en silencio a una billetera vacía.
De ahí se desprenden tres cosas, y son toda la práctica de la seed phrase:
- Las palabras son el dinero. Quien las lea puede llevarse las monedas, desde donde sea, sin ningún paso adicional.
- Conviene escribirlas a mano sobre algo duradero. El papel sobrevive a casi todo; no sobrevive a un incendio ni a un sótano inundado, y por eso hay quien las graba en metal.
- Nunca deben tocar un dispositivo conectado a internet. Ni una foto, ni un gestor de contraseñas, ni una app de notas, ni la nube. En el momento en que lo hacen, hay que darlas por comprometidas.
Y una que la gente se saltea: restaurar desde el respaldo antes de confiar en él. Borrar el dispositivo, escribir las palabras de nuevo, confirmar que aparecen las mismas direcciones. Un respaldo que nadie probó es una creencia.
Caliente y frío describen exposición, no seguridad
Una billetera caliente mantiene la clave en un dispositivo conectado: un teléfono, una laptop. Un esquema en frío la mantiene en uno que no lo está, normalmente un pequeño dispositivo dedicado que guarda la clave y aprueba transacciones en su propia pantalla.
La distinción es sobre cuántas vías tiene un atacante para llegar a la clave, no sobre si una billetera es buena. Caliente es cómoda y corre la misma suerte que el dispositivo donde vive. Frío es incómodo y su riesgo principal es la pérdida física y la disciplina de respaldo de cada uno. Quien tiene una cantidad relevante suele terminar con las dos, y elegir entre ellas es un tema aparte.
Passphrase y multisig
Una passphrase es un secreto adicional que se combina con la seed phrase, definido como opción en el mismo estándar BIP 39. Se la suele llamar la palabra veinticinco, lo que confunde: no forma parte de la lista de palabras, no lleva suma de verificación, y una passphrase distinta sobre las mismas palabras deriva una billetera completamente distinta. Eso corta para los dos lados. Quien encuentre las palabras igual no puede gastar sin ella, y si uno la olvida, tampoco puede, y no existe ninguna línea de soporte.
Multisig exige varias claves para autorizar un gasto, típicamente dos de tres. Un atacante que se lleva una clave sigue sin poder mover nada. El precio es la complejidad: más respaldos, más cosas que anotar, y una configuración que los herederos tienen que poder seguir. Qué arregla y qué rompe el multisig lo recorre en detalle.
El intercambio, dicho sin vueltas
La autocustodia saca al exchange del modelo de amenazas y pone a uno mismo en su lugar. Los modos de falla no son exóticos, y son todos propios:
- Se pierde el respaldo, o nunca se anotó bien, y las monedas se acabaron. No hay reinicio.
- El respaldo y el dispositivo están en el mismo cajón, así que un solo robo se lleva los dos.
- Se agrega una passphrase, no se le cuenta a nadie, y uno se muere. Las palabras solas no abren nada.
- Alguien que sabe que hay bitcoin aparece en persona. La criptografía no tiene respuesta para esto, y por eso no hablar de lo que se tiene es una medida de seguridad.
Nada de esto es un argumento en contra de la autocustodia. Es el precio, y un texto que esconde el precio está vendiendo algo. Conviene pesarlo con honestidad: un monto chico en un exchange serio mientras se aprende es una decisión defendible, y mover todo a un dispositivo que todavía no se entiende no lo es.
Por dónde empezar
Conviene hacer una vez la versión completa más chica posible. Instalar una billetera no custodial con buena reputación, mover un monto que se podría perder sin que importe, anotar las palabras, borrar la billetera, restaurar desde las palabras y comprobar que los fondos están.
Ese único ejercicio enseña más que cualquier cantidad de lectura, porque convierte la parte abstracta en algo ya hecho. A partir de ahí, qué exige la autocustodia con montos mayores y cómo lograr que sobreviva a uno mismo son las dos direcciones que valen la pena.
